Tres enseñanzas básicas en la última entrega la clase semanal de IKEBANA SHINSOKA impartida en la escuela Municipal de Jardinería.
La primera, la concentración a la hora de realizar la composición, ya que uno de los materiales usados ha sido el espino negro, especie silvestre mediterránea fácil de modelar, pero con espinas disimuladas entre sus finas hojas pardas. Ello fuerza a focalizar la atención en la multitud de tareas que implica esta técnica floral nipona, desde el podado, hasta la adecuada disposición sobre el Kenzan o base metálica de pinchos.
La segunda y tercera enseñanza pueden sustentar una cierta rebeldía, y han devenido del hecho siguiente: la maestra ikebanaka que dirige el curso, al corregir mi composición, desechó uno de los elementos esenciales del mismo; en concreto una rama denominada GYO, a la que este milenario arte le otorga la representación de la Humanidad, trasladando ese mismo papel a otra rama en una posición, en principio, no indicada para ello.
Por tanto, de esta corrección deriva que para conseguir un resultado final óptimo en ocasiones debe prescindirse del resultado de alguna de las tareas parciales realizadas previamente con esfuerzo.
Así mismo, también se concluye que sólo desde ese mismo esfuerzo, y desde la experiencia adquirida a través de trabajos anteriores, pueden conculcarse las normas preestablecidas para consecución de un trabajo, operación o proceso determinado.
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